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La sostenibilidad después de la guerra

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 Abstract: War and postwar are also causes to take into account when talking about depredation of natural resources. Military strategies provoke massive deforestation on purpose, to achieve advantage over an enemy. But after wars are ended, situations don’t automatically improve in the affected countries. In El Salvador, after the war of the 80’s, it is estimated that almost 24% of the tree cover has been removed, leaving the country vulnerable to floods and other natural disasters. Can sustainability be achieved in a country that is still reconstructing itself after a 12 year war and that is focused solely on economic growth, without taking into account the depletion of its natural resources?

 

Haití es el país más deforestado de América Latina. En segundo lugar está El Salvador. Foto de Trees ForTheFuture

Haití es el país más deforestado de América Latina. En segundo lugar está El Salvador. Foto de Trees ForTheFuture. En Flickr, CC License CC BY 2.0

 

El Salvador es el segundo país más deforestado del continente americano después de Haití. Se estima que del bosque original que existía en el país centroamericano antes de la guerra de los 80, apenas permanece el 2%. Parte de ese bosque se perdió durante dicha guerra. Las guerras como factor de deforestación y destrucción del medio ambiente es algo de lo que se habla poco. La deforestación intencionada es una estrategia militar utilizada para evitar que el oponente tenga posibilidades de ocultarse u obtener beneficio alguno del bosque o la selva (tanto para construir albergues, tener material de combustión o para conseguir alimento).

Su efecto destructivo no está limitado a las bombas o incendios. Construcción de carreteras, bases militares, refugios de grandes grupos de desplazados y otras instalaciones de uso militar o civil (constituidas en tiempo de guerra como obras prioritarias), son parte del esquema.

Este tipo de estrategia fue utilizada por los Estados Unidos durante la guerra de Vietnam. La destrucción intencional de bosque (incluyendo las especies animales y los seres humanos habitando en dichas zonas) fue hecha con napalm o el Agente Naranja, materiales químicos que destruyen no sólo las especies vivas del territorio agredido sino también las capas superiores de la tierra. Por lo general estos terrenos se erosionan y terminan convertidos en tierra baldía. Sus procesos de recuperación natural son lentos. Se estima que en Vietnam se destruyó un 44% de su cobertura natural.

Pero el tiempo de posguerra tampoco es benévolo con los recursos naturales. En Japón, China, la Unión Soviética y Europa, los sobrevivientes de la II Guerra Mundial dependieron del uso de la leña como combustible durante varios años. En Alemania, los aliados trataron de reducir el potencial industrial del país destruyendo sus bosques. Se implementaron programas de deforestación extensiva, pensando que quizás estos bosques “sólo podrían ser repoblados después de un programa intensivo que tomaría un siglo”. Uno de los grandes beneficiados de esa estrategia fueron los Estados Unidos, quienes realizaron exportaciones masivas de madera alemana. Mientras tanto, en Berlín, el famoso parque Tiergarten era utilizado por los pobladores para sembrar verduras, según puede verse en este video.

 

Deforestación y posguerra

En El Salvador, desde el cese al fuego en 1992, el ritmo de deforestación ha sido alto. Se calcula que entre 1990 y 2010, se ha perdido 23.9% de la reserva forestal. Las consecuencias de esto implican una enorme presión sobre otros recursos naturales como el agua.

El origen de esto no tiene que ver únicamente con la guerra o con los esfuerzos de reconstrucción física posteriores. Tiene también que ver con hábitos culturales y con la situación económica de la mayoría de la población. Por ejemplo, se estima que un 65% de la población utiliza leña para cocinar. Esto, además de agredir el recurso forestal, expone a quienes utilizan leña a humo tóxico, lo que puede tener graves repercusiones de salud. Se tensionan también, por lo tanto, los limitados servicios médicos del país.

Otro asunto cultural que interviene en esto es la idea de que a mayor urbanización mayor desarrollo y por lo tanto, mejor situación económica para el país en general. Pero esta noción es un espejismo.

El Salvador destaca por tener las mejores carreteras de Centro América, lo cual implicó destrucción masiva del medio ambiente. En las afueras de la capital, no se dudó en destruir el último pulmón de la ciudad para construir tres centros comerciales, una torre con apartamentos de lujo y colonias residenciales privadas. La ciudad se expande ahora en dirección al océano, y a su paso se van destruyendo, sin miramiento alguno, cientos de hectáreas de bosque, cafetales y tierra productiva.

A pesar de ese aparente desarrollo, El Salvador ocupa el quinto lugar como el país más pobre de América Latina, según un ranking hecho hace un año por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL). También es uno de los países con más alto nivel de migrantes, una migración provocada, en gran parte, por la falta de empleo y de acceso a recursos productivos. Se calcula que un 20% de la población vive fuera del país, en su gran mayoría en los Estados Unidos.

 

Dar un chance a la sostenibilidad

La casi eliminación de las áreas forestales naturales en El Salvador es sin duda una de las causas que colocan al país como uno muy vulnerable ante los efectos de tragedias naturales. El Banco Mundial estima que el 90% del territorio, incluida gran parte de la ciudad capital, están en situación de alto riesgo.

A pesar de esto, conceptos como “sostenibilidad” o “crecimiento inclusivo” no son de frecuente uso en el país. El doble esfuerzo de reconstruir el país para recuperar el tiempo perdido (a nivel de desarrollo económico) durante los 12 años que duró la guerra, junto con el de procurar incorporar al país dentro de los parámetros de competitividad regional y global, estableció otras prioridades.

No fue hasta hace pocas semanas que escuché por primera vez hablar de sostenibilidad en El Salvador, cuando varias instituciones del gobierno anunciaron el desarrollo de un sistema logístico sostenible y de energías renovables. Entre las instituciones participantes se encuentran el Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales (MARN), la Secretaría Técnica de la Presidencia, el Fondo Ambiental de El Salvador (FONAES), el Consejo Nacional de Energía (CNE) y el Ministerio de Educación (MINED) entre algunas más.

Este Plan de Acción se implementará no sólo en los puertos, aeropuertos, sistema ferroviario y las opciones de transporte que los conectan, sino también en las comunidades aledañas.  La recolección, reciclaje y reutilización de desechos sólidos; el uso de energía renovable; eficiencia energética; la gestión del agua, y el uso de medios de transporte de consumo eficiente y de bajas emisiones, serán algunas de las estrategias a implementarse.

Incorporar el concepto de sostenibilidad en el desarrollo de una sociedad como la salvadoreña tendrá que pasar por un intenso proceso educativo e informativo que involucre tanto a gobernantes, como a políticos y ciudadanos. El mencionado Plan es apenas el inicio de lo que ojalá se convierta en una práctica generalizada para otros proyectos en el país y la región.

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Jacinta Escudos Twitter: @jacintarioJacinta

Writer, columnist and blogger from El Salvador. With 8 published books and an op-ed column on the Sunday magazine of the country’s main newspaper, La Prensa Gráfica. I'm interested in literature, culture, the rescue of historical memory and how these can be used to transform reality, construct a better society and improve individual lives.